La rebeldía es la falta de obediencia, es no seguir rutinas, normas, es llevar la contraria. Es un tipo de comportamiento humano, caracterizado por la resistencia o el desafío a la autoridad.
¿Cuál es la causa de la desobediencia?
La causa principal es la forma en la que educamos a los hijos. Habitualmente, la desobediencia está provocada por educaciones autoritarias, negligentes o condescendientes. Padres autoritarios. Son los padres que imponen castigos constantes a sus hijos. Ser padres se convierte en una tarea titánica, en la edad entre los 12 a los 17 años, a veces parece que lo único que persiguen los hijos es medir la paciencia de los padres. En realidad, el objetivo no es acabar con la rebeldía de nuestros hijos. El que sea rebelde forma parte de su maduración, y es buena señal. La rebeldía aparece a lo largo de numerosas etapas evolutivas de nuestros hijos y eso significa que está madurando y asimilando nuevos aprendizajes.
Se puede presentar en la niñez formando parte de la etapa de evolución donde se impone el yo, el negativismo, la capacidad de auto independencia, saber manejar las frustraciones:
Muchos hablan de los terribles 2 años, como un punto de inflexión en donde el niño comienza a medir los límites y normas y comienza su rebeldía. A partir de ahí, la rebeldía aparecerá en diferentes momentos y etapas.
Lo que podemos hacer los padres es intentar comprender la situación y armarnos con todos estos consejos:
Deja que se exprese. No se trata de ponernos a su nivel y llevarles la contraria. Deja que muestre su personalidad y explique lo que piensa y sobre todo, lo que siente. De lo contrario, solo empeoraremos la situación. Intentar discutir con alguien que empeñado en una idea, es trabajo perdido. Escúchale y luego expón tu punto de vista, lo suficientemente tranquilo y firme como para hacerle pensar.
Mantener rutinas, y normas importantes. Aunque tu hijo pueda expresar libremente su rabia e inconformidad, recuerda que hay normas básicas en la casa que no se rompen. No dejes que se salte las normas más importantes, por mucho que no le gusten. ¿Que no le gusta que hay que ir a la cama a las 9 de la noche porque hay que madrugar? Sí, sufrirá, pero tendrá que acatarlo. Tal vez puedas, sin embargo, pactar con él nuevas normas para que se sienta ‘escuchado’ y piense que ‘al fin se sale con la suya en algo’ (esto último, de sentirse victoriosos, a los niños y adolescentes les encanta).
El amor lo puede todo. Lo que tienes que demostrarle constantemente, sobre todo en la etapa de rebeldía, es que le quieres, aunque él esté enojado. Demuéstrale cariño y comprensión porque al final, con amor, se consigue todo.
Evita los castigos. Si castigas a un niño o adolescente ‘rebelde’, lo único conseguirás es un niño y adolescente ‘más rebelde’. Y además, ahora tendrá razones para serlo, ya que se sentirá ‘dominado’ (según él ‘siempre de forma injusta’). Así que no le des motivos para sentirse rebelde ‘con causa’. Cambia los castigos por consecuencias educativas y refuerzos de todo aquello que tu hijo haga bien. Si necesitas ‘penalizar’ alguna conducta mala, opta mejor porque tu hijo reponga aquello que hizo mal. TODO TIENE UNA CONSECUENCIA.
Dale alternativas. A veces un niño O ADOLESCENTE es rebelde porque se aferra a una idea, a una única idea (porque no tiene otras opciones). Si de pronto le sorprendes con alguna alternativa, igual cambia de opinión. Por ejemplo: ¿que tu hijo no se quiere duchar? Alternativa: Puedes ducharte dentro de 30 minutos pero entonces no podrás jugar porque no te quedará tiempo… Ahora tu hijo tendrá que decidir y lo mismo se queda con la primera opción que le planteaste.
No te rías de él. ¡Nunca! Puede que tu hijo, así, rebelde, te parezca a veces hasta gracioso. Piensas: ‘mira, con lo pequeño que es y el genio que tiene’. Y te entra la risa. Pero contente: a tu hijo eso no le hace ninguna gracia. Para él es un tema muy serio, y la risa la recibe como una humillación.
Escúchale aunque te parezca que no tiene razón. Para comprender a los hijos no hay nada como escucharles. A veces estamos tan atareados que pulsamos el interruptor de la ‘escucha selectiva’ y desconectamos la voz de nuestros hijos. Al final, solo volvemos a activar la escucha con ellos cuando gritan, patalean y se quejan. Escúchales más a menudo. Así entenderás qué es eso que hace que se muestre tan rebelde.
Paciencia! Sobra decir que tu mejor arma es la paciencia. Sin ella, estás totalmente acabado. La rebeldía de tu hijo destrozará tus nervios y terminarás gritando. Y ya sabes dónde conducen los gritos… ¡a ningún sitio! (bueno, sí, pero nunca bueno). Así que relájate y mantente firme en tus decisiones. Por más que te suplique tu rebelde.
Busca el equilibrio. No se trata de conceder todo lo que pide a tu hijo, pero sí puedes hacer pequeñas concesiones (nunca referentes a las normas más importantes). Se trata de conseguir un ‘tira y afloja’. Y de ahí, el equilibrio que aporta paz.
Dale más responsabilidades. En cuando tu hijo se sienta importante en casa, verás como rebaja su ‘rebeldía’. No se trata de hacerle sentir ‘el rey o reina de la casa’ (¡eso nunca!), sino de asignarle una serie de obligaciones y deberes en casa. Pensarás.. ¡Pues si le impongo deberes se va a rebelar más! No, porque son tareas que le ayudarán a sentirse útil. Puedes crear una tabla de tareas para toda la familia: padres e hijos.
Les dejo la cápsula informativa en el programa «Noticias de la Mañana» por RTS.